dimecres, 1 de desembre de 2004

Dos poemes que hem llegit avui, mentre fora plovia

Avui, el professor de Llengua i Literatura Espanyola, Julián Ruíz, ens ha portat no un, ni dos, sinó tres texts, tres. El primer i el segon han estat relectures de textos que ja havíem compartit. El tercer ens era nou.

Primer ens ha rellegit un interessant poema de Nadia Poquet, alumna del nostre institut. Ací està:

Anonadada, mirando al vacío
Nadia Poquet

Anonadada, mirando al vacío,
viendo mis sueños por el suelo,
viendo mi corazón viudo,
extrañándolos, con anhelo.

Como un día soñé
que ni vida era feliz,
ahora me queda volver
y quedarme con mi fin.

Aún me recuerdo sola,
quieta ante mi dolor,
me di cuenta que el aroma
de la muerte me sumió.

Ya no había corazón,
ante días largos,
días de temor
ante un aire helado.

Los árboles se mecían ante mí,
los hombres se rendían,
pero mi corazón gris
moría y sentía.

…………………………

Després Julián ha rellegit un poema que ja havíem reproduït ací: el "Ajeno" de Claudio Rodríguez. I l'ha tornat a dur perquè pensava haver trobat el seu reflex en aquest poema de Vicente Aleixandre: front a la pena i fredor de cor, la solitud del poema de Rodríguez, la vitalitat, la invitació al gaudi dels altres, del proïsme, de la celebració de poder estar junts…

En la plaza
Vicente Aleixandre

Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo,
sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,
llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.

No es bueno
quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar la roca.
Sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los hombres palpita extendido.

Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso,
y le he visto bajar por unas escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
La gran masa pasaba. Pero era reconocible el diminuto corazón afluido.
Allí, ¿quién lo reconocería? Allí con esperanza, con resolución o con fe, con temeroso denuedo,
con silenciosa humildad, allí él también
transcurría.

Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.

Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.

Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse.
Cuando en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras algo preguntar a tu imagen,

no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.

Entra despacio, como el bañista que, temeroso, con mucho amor y recelo al agua,
introduce primero sus pies en la espuma,
y siente el agua subirle, y ya se atreve, y ya casi se decide.
Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.
Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos y se entrega completo.
Y allí fuerte se reconoce, y crece y se lanza,
y avanza y levanta espumas, y salta y confía,
y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.

Así, entra con pies desnudos. Entra en el hervor, en la plaza.
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!

………………………

Impressionant diàleg, no us sembla?